Número 41: enero a marzo de 2019

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Revista CEMCI - Número 41

Tribuna: Mindfulness en el ámbito laboral.

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Mindfulness en el ámbito laboral.

Fanny Jiménez Guerrero

Sumario

El estrés.

¿Qué nos dice el estrés?

Fundamentos del mindfulness.

¿Para qué practicar mindfulness?

¿Qué es realmente estar en atención plena?

Pensamientos (mente)

Sensaciones corporales

Emociones

Sentidos

Práctica y entrenamiento

1. EL ESTRÉS

Nueve de cada diez personas en España han sentido estrés en el último año y cuatro de cada diez lo ha hecho de manera frecuente o continuada, porcentaje que equivale a casi 12 millones y medio de españoles.

Así lo advierte el último estudio Cinfasalud sobre “Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés”, elaborado por laboratorios Cinfa y avalado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS

Como señala el estudio, la principal fuente de estrés y de otras afecciones como la ansiedad y la depresión está relacionada con la actividad laboral.

Vivimos en un tipo de sociedad en la que pasamos gran parte de nuestro tiempo trabajando y a veces lo hacemos en condiciones tales que nuestras vidas personales se ven influidas de forma directa o indirecta.

A veces son los conflictos, traumas y crisis de la vida personal que, sumados a la sobrecarga laboral, nos desbordan de tal manera que nos resulta muy difícil gestionar la situación.

Los principales fuentes de estrés en el entorno de trabajo son: el exceso de tareas, la presión con los tiempos límites, la mala organización, conflictos con jefes o compañeros, acoso laboral, sentirse sobre-cualificado para el puesto que se desempeña, sentirse infra-cualificado, no sentirse realizado o no tener vocación, no poder adaptarse a las nuevas tecnologías…

2. QUÉ NOS DICE EL ESTRÉS

El estrés es un mecanismo de defensa del organismo que, en situaciones de peligro, activa el sistema nervioso para ofrecer una respuesta fisiológica apropiada a la situación (huir, atacar, neutralizar, afrontar, adaptarse) y de esa forma garantizar nuestra supervivencia.

Significa, que por algún motivo real o imaginario, nos sentimos en peligro y nuestro cuerpo reacciona activándose para salvarnos la vida.

De modo que el estrés no es un problema en sí mismo, más bien al contrario, es una alerta que nos avisa de que algo está sucediendo y nos prepara para reaccionar mejor.

Si el estrés sucede en una situación concreta durante un corto periodo de tiempo, no sería problemático en absoluto dado que nuestro sistema nervioso está preparado para pasar fácilmente del sistema de relajación (parasimpático) al sistema de lucha o huida (simpático).

El estrés se convierte en un problema de salud cuando se extiende en el tiempo, es decir, no nos sentimos amenazados por una situación momentánea sino por una situación sostenida o crónica.

Esto es debido a que, para poder activar nuestro organismo y hacernos más rápidos, más fuertes y más eficaces, tenemos que invertir la mayor parte de la energía del cuerpo en la lucha o en la huida de modo que prescindimos de algunas funciones que son importantes para la supervivencia, pero que no son vitales en el momento del peligro tales como la digestión, el sistema inmunitario o la regeneración de los tejidos.

Es decir, si un león está a punto de atacarme, necesito toda mi energía para salir corriendo y me da igual si hay un pequeño virus o no realizo la digestión correctamente.

El organismo prioriza para mantener nuestra supervivencia.

Quedarme con el sistema inmunitario en mínimos durante algunas horas no plantea el menor problema, pero ¿qué sucede si la situación de estrés se mantiene durante semanas, meses o años?

El problema de los seres humanos es que no reaccionamos sólo ante situaciones reales que suceden en el momento, sino que tenemos la capacidad de imaginar y anticipar sucesos a través de nuestro pensamiento.

En ese sentido, el estrés y la ansiedad pueden cronificarse haciendo que nuestro organismo pierda su capacidad de regenerarse y cuidar de sí mismo.

La alteración del sueño, los problemas digestivos, trastornos en la piel, la hipertensión, la infertilidad, la mayor propensión a las infecciones… son algunas de las consecuencias físicas.

Los estudios científicos comienzan a confirmar que el estrés suele ser uno de los detonantes de la mayor parte de las enfermedades graves porque, en estas circunstancias, el cuerpo es más vulnerable a cualquier virus, bacteria o célula cancerígena.

El estrés está en el origen de muchas enfermedades, pero no es una enfermedad en sí mismo, sino un mecanismo de defensa por tanto, si queremos solucionarlo deberíamos reflexionar acerca de nuestra situación de vida.

Cuáles son los verdaderos conflictos que nos hacen sentir amenazados; si solucionamos dichos conflictos, el estrés desaparecerá.

Sin embargo, nuestra sociedad, está más volcada en minimizar los síntomas que en solucionar el origen de nuestros malestares y eso nos impele a buscar soluciones externas.

La medicación podría ser una de esas soluciones externas que si bien, puede ser útil en algunas circunstancias a corto plazo, a largo plazo van a desencadenar una serie de efectos secundarios y de dependencia en nuestro organismo que pueden ser factores de riesgo para algunas enfermedades.

Lo sensato y lo saludable es encontrar formas de usar el estrés a nuestro favor y aprender técnicas que nos ayuden a relajar nuestro sistema nervioso y a desarrollar nuestra conciencia y conocimiento de nosotros mismos de forma que o bien podamos solucionar eficazmente nuestros conflictos o bien aprendamos a interpretarlos de una forma más asertiva que no nos haga sentir amenazados.

La técnica que engloba todos esos resultados es la meditación - mindfulness.

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La Revista CEMCI es una publicación trimestral del Centro de Estudios Municipales y de Cooperación Internacional, Agencia Pública Administrativa Local de la Diputación de Granada.

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