Número 34: Abril a junio de 2017

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Revista CEMCI - Número 34

Ocio: Muerte en Granada.

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Muerte en Granada

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La noticia hace un tiempo que vine reluciendo en los titulares, cada vez con más ímpetu y fastuosidad. Ciudades como Barcelona o Ibiza, cargan sus iras contra el turismo desenfrenado y desangelado, que no contra el turista. Esto ha provocado que los habitantes denuncien la mercantilización de sus urbes, propiciando que los precios de las viviendas se disparen, que los productos de alimentación alcancen valores desorbitados o que algo tan mundano como tomarte una cerveza, pueda poner en serio riesgo eso de llegar a fin de mes. Todo esto se produce en ciudades espléndidas, estupendas para visitar y en parajes ávidos de ser observados y disfrutados, convirtiendo a las ciudades en lugares de abrir y cerrar, sitios momentáneos en los que no poder arraigar una vida; un poco por bullicio, otro poco por desesperación y un gran tanto por el moving mercantil. Las ciudades parecen verse entregadas a los designios de la economía, adviniendo un futuro en el que lo único que allí haya, sea gente que no entenderá el porqué aquello -a pesar de su fastuosa maravilla visual-, llegó a convertirse en un reducto al que peregrinar.

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Hace un tiempo, de regreso a casa, pasé por la Plaza de las Pasiegas, la de la Catedral, como solía hacer infinidad de veces, pero en aquella ocasión me detuve a un lado, justo delante de aquellos enmarcados azulejos que dicen así: “Dale limosna mujer/ que no hay en la vida nada/ como la pena de ser/ ciego en Granada”. Las letras las esgrimió el poeta mejicano Francisco de Asís de Icaza, y se las decía a su ya por entonces esposa, que al verla impertérrita ante la desgracia de aquel mendigo, este la conminó para que le entregara una pequeña dádiva que le permitiera sobrellevar aquella pena. Cierto es que las historias no se cuenta cómo sucedieron, y que la mayor parte de ellas tampoco como se escucharon. Muchos tendrán una versión de aquello, otros tal vez se la inventaron, pero lo único cierto es que de haber existido aquel hombre, su condena jamás se quedaría saldada, o sí.

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Lorca años más tarde escribiría un poema a su Andalucía, donde recordaba en cada uno de sus versos, las grandilocuencias de sus provincias y donde hablaba así de su tierra natal: “Granada para morir”. Federico más simple y más certero, recogió con gran sutileza la realidad que se esconde en este recóndito pero majestuoso lugar. La muerte como el fin pensaran muchos, pero no es así, es la muerte como vida, la condena dulce que se escapa lentamente cuando nos alejamos de esta ciudad, cuando no eres capaz de explicarla, cuando muchos, en unos días, son capaces de recorrer los puntos más emblemáticos, y no entienden que su grandeza está en el tránsito, en las esquinas, en los recovecos que busca el sol para encontrarte, en la primavera que se eleva aun cuando la sierra sigue pintada de blanco, cuando sus plazas llenas o vacías, invitan a seguir ahí, regocijándose en la pena. Icaza se equivocó o tal vez entendió a la perfección, que el preso era él, que necesitaba volver, que necesitaba cartografiar en sus sentidos qué había en aquel lugar para sentirse arrastrado una y otra vez al sentir genuino que se granjeaba entre las colinas bermejas. El mejicano con aquella limosna no quería nada más que saldar su deuda con la incomprensión propia y envidiar a aquel oxímoron en forma de mártir, buscando plasmar el sentir de todos y cada uno de los viandantes que después de unos días o unas horas, no pueden refrenar sus ansias de volver, y como aquel mendigo, que ciego, sordo, y mudo, que muchos creyeron condenado, simplemente era admirado.

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Días más tarde volví a las escaleras, a apontocarme y escuchar, a admirar la ciudad, a apiadarme de todos esos turistas de los que hablaba Icaza, y que ahora, gracias a la tecnología y el paso del tiempo, tratan de llevarse una muesca en la memoria en forma de llavero, de imán para la nevera, o de foto ante la Catedral o ante la Alhambra de fondo mientras se retratan en San Nicolás, en definitiva a almacenar infinidad de recuerdos, y recobrar sus ansias por seguir sin comprender por qué desesperadamente, han de regresar una y otra vez a un lugar del que con sus ojos, sus oídos o su paladar tratan de no olvidar, arrinconándose una vez más ante la única salvedad: que si han de vivir que sea en Graná, que ella como dulce llama de amor, ya te irá matando lentamente, porque amores que matan, nunca mueren.

Y por la noche me meto en el sobre
y me acuerdo cuando estaba yo en Graná,
qué a gusto estaba yo en Graná

La nueva reconquista de Granada –
Grupo de expertos solynieve

Ignacio Jesús Serrano Contreras

Revista CEMCI

La Revista CEMCI es una publicación trimestral del Centro de Estudios Municipales y de Cooperación Internacional, Agencia Pública Administrativa Local de la Diputación de Granada.

Revista CEMCI - Número 34

ISSN 1989-2470

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